
Alplazolam y Sildenafil
La frase partió la mesa como un hacha, astillando guacamole, tacos y quesadilla a varias bandas en el señorial restaurante del DF, famoso vaya a saber por qué plato; a mí me da lo mismo porque detesto la comida mexicana.
La frase que esa noche partió la mesa la tiró Ricardo… un maestro que gastó suelas y que mezcla el tablón con éxitos periodísticos que aún perduran. El resto: Pepe (E); Willy (K), Juan Carlos (LN), el benjamín Carlitos (AF), el tipo de Telam al que no conocía pero la mayoría sí & my self, anfitrión de un viaje de fin de ciclo, oficial pero distendido. Creo, el único al que llevamos periodistas.
“Mirá flaco (Ricardo siempre dice “flaco”) las minas que andan por los 40 ya no quieren casarse, son independientes y autosuficientes. Tienen buen pasar, se cuidan, van al gym, se ven lindas, no les faltan tipos y hasta puede que se arme algo sólido…, pero cada cual en su casa, nada de andar mezclando hijos y hacienda” . Una catarata catártica explotó junto con más corchos y todos concluimos que éramos parte de una generación bisagra que tuvo que aprender, a pelo, a cabalgar entre el modelo de mamá y estas mujeres de lycra ajustada y muslos torneados en aparatos.
Después, mientras caminábamos bajo los árboles del barrio elegante, remontando la humedad y las calles desiertas hasta el Camino Real – una joya de la arquitectura mexicana inspirado en el muralismo – Ricardo yo nos fuimos quedando rezagados.
“ Mirá flaco a mí me salvó el matrimonio y me hizo volver a sentir un tipo pleno”; era la primera vez que tocaba seriamente el tema del Sildenafil , de una manera sobria y madura.
Sin embargo, pasaron casi dos años hasta que las piernas largas de A.P., su espalda moldeada a mano y esa parada de mujer, tan mujer!, me decidieron. Mario: “yo siempre uso en la primera vez para estar menos ansioso” y Alvarito con novia de 20 y pico : “un fin de semana largo, imprescindible”, me martillaban la cabeza.
La que he decidido bautizar como “la noche que hice todo mal” fue de antología. A la mitad del primer plato Ella me había deslumbrado con su modo de “nena fatal”, mientras el vino rosado y la panorámica de Puerto Madero (la mejor vista nocturna de la ciudad) tejían una red que iba a prolongarse más de lo previsto.
Más de lo previsto por mí, un cultor de la frase con que Sarko despidió a Carla en la puerta de su edificio “nunca en la primera noche”.
Veinte años atrás, Barbarita G. pasó una temporada en casa con su room - made mientras secaba la humedad de un caño roto en su departamento. Adriana tenía un ritual: salir sin el diafragma para no tentarse a terminar en la cama del chico de ocasión. Pero a la madrugada, las llaves nerviosas y una estampida de cajones abriendo y cerrándose delataban que Adrianita había sucumbido ante un galán. “Soy un desastre” se consolaba al día siguiente.
Emulando la intención, la primer noche “The magic Blue” se queda en la mesa de luz. Pero esa noche la píldora viajó en el bolsillo pequeño del pantalón del ambo junto con los 0.25 de alplazolam que desde la crisis de 2001 alejan cualquier “eventualidad panicosa”
Cuando salimos al aire cálido de febrero Ella acusó un súbito mareo y yo, un caballero al fin, me hice cargo del exótico carro oriental. Tuve un súbito presentimiento y en un descuido de la niña deslicé los dedos por entre el bolsillo y sin mirar tragué sin agua, que es como masticar una frazada.
Me gustan las mujeres con culotte, la prenda tiene una sensualidad donde lo más importante sigue siendo qué hay debajo y no el encaje. Y la noche se hizo día.
Pocas cosas odio más que salir al sol de la resaca; el ruido, el calor, los colectivos y los trancos largos de los oficinistas colgándose al estribo. Paré un taxi, me recosté en el asiento y busqué en el bolsillo los 0.25 para apurar el sueño y me quedé mirando en la palma de la mano la píldora azul del Sildenafil.
foto, la flores de papel no se marchitan
La frase partió la mesa como un hacha, astillando guacamole, tacos y quesadilla a varias bandas en el señorial restaurante del DF, famoso vaya a saber por qué plato; a mí me da lo mismo porque detesto la comida mexicana.
La frase que esa noche partió la mesa la tiró Ricardo… un maestro que gastó suelas y que mezcla el tablón con éxitos periodísticos que aún perduran. El resto: Pepe (E); Willy (K), Juan Carlos (LN), el benjamín Carlitos (AF), el tipo de Telam al que no conocía pero la mayoría sí & my self, anfitrión de un viaje de fin de ciclo, oficial pero distendido. Creo, el único al que llevamos periodistas.
“Mirá flaco (Ricardo siempre dice “flaco”) las minas que andan por los 40 ya no quieren casarse, son independientes y autosuficientes. Tienen buen pasar, se cuidan, van al gym, se ven lindas, no les faltan tipos y hasta puede que se arme algo sólido…, pero cada cual en su casa, nada de andar mezclando hijos y hacienda” . Una catarata catártica explotó junto con más corchos y todos concluimos que éramos parte de una generación bisagra que tuvo que aprender, a pelo, a cabalgar entre el modelo de mamá y estas mujeres de lycra ajustada y muslos torneados en aparatos.
Después, mientras caminábamos bajo los árboles del barrio elegante, remontando la humedad y las calles desiertas hasta el Camino Real – una joya de la arquitectura mexicana inspirado en el muralismo – Ricardo yo nos fuimos quedando rezagados.
“ Mirá flaco a mí me salvó el matrimonio y me hizo volver a sentir un tipo pleno”; era la primera vez que tocaba seriamente el tema del Sildenafil , de una manera sobria y madura.
Sin embargo, pasaron casi dos años hasta que las piernas largas de A.P., su espalda moldeada a mano y esa parada de mujer, tan mujer!, me decidieron. Mario: “yo siempre uso en la primera vez para estar menos ansioso” y Alvarito con novia de 20 y pico : “un fin de semana largo, imprescindible”, me martillaban la cabeza.
La que he decidido bautizar como “la noche que hice todo mal” fue de antología. A la mitad del primer plato Ella me había deslumbrado con su modo de “nena fatal”, mientras el vino rosado y la panorámica de Puerto Madero (la mejor vista nocturna de la ciudad) tejían una red que iba a prolongarse más de lo previsto.
Más de lo previsto por mí, un cultor de la frase con que Sarko despidió a Carla en la puerta de su edificio “nunca en la primera noche”.
Veinte años atrás, Barbarita G. pasó una temporada en casa con su room - made mientras secaba la humedad de un caño roto en su departamento. Adriana tenía un ritual: salir sin el diafragma para no tentarse a terminar en la cama del chico de ocasión. Pero a la madrugada, las llaves nerviosas y una estampida de cajones abriendo y cerrándose delataban que Adrianita había sucumbido ante un galán. “Soy un desastre” se consolaba al día siguiente.
Emulando la intención, la primer noche “The magic Blue” se queda en la mesa de luz. Pero esa noche la píldora viajó en el bolsillo pequeño del pantalón del ambo junto con los 0.25 de alplazolam que desde la crisis de 2001 alejan cualquier “eventualidad panicosa”
Cuando salimos al aire cálido de febrero Ella acusó un súbito mareo y yo, un caballero al fin, me hice cargo del exótico carro oriental. Tuve un súbito presentimiento y en un descuido de la niña deslicé los dedos por entre el bolsillo y sin mirar tragué sin agua, que es como masticar una frazada.
Me gustan las mujeres con culotte, la prenda tiene una sensualidad donde lo más importante sigue siendo qué hay debajo y no el encaje. Y la noche se hizo día.
Pocas cosas odio más que salir al sol de la resaca; el ruido, el calor, los colectivos y los trancos largos de los oficinistas colgándose al estribo. Paré un taxi, me recosté en el asiento y busqué en el bolsillo los 0.25 para apurar el sueño y me quedé mirando en la palma de la mano la píldora azul del Sildenafil.
foto, la flores de papel no se marchitan

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